BIBLOGTECA IES ROMANO GARCÍA

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martes, 9 de junio de 2015

RELATOS GANADORES



Aquí os dejamos los relatos premiados en  el  IV Concurso de Relatos instantáneos:

CATEGORÍA A (1º, 2º y 3º ESO): Primer premio. "El tren de las siete". Elena Villa (3º B)

"- Señor Pérez, es usted sospechoso de asesinato- dijo el inspector de homicidios- y tenemos pruebas que indican que usted lo mató-prosiguió.
- Lo que aún desconocemos es la razón. ¿Qué pasó aquella tarde?- preguntó una mujer que estaba a su lado.
Me quedé mirándolos y no pronuncié ni una sola palabra.
- Mariano García- dijo la mujer enseñándome una foto- ¿De qué se conocían ustedes?

   Aquellas personas querían saber la historia, pero yo no se la iba a contar. Odiaba a ese chico, desde el mismo momento en que mi hija me lo presentó. Tenía un aspecto normal, pero yo notaba en sus actos lo que escondía. 
   Recuerdo la tarde en que la saludé por última ve; ella iba feliz. Había quedado con ese chico otra vez, y yo me despedí de ella con un simple "adiós".
   Sobre las siete de la tarde, mi hija me llamó al móvil: "Papá, estoy sola en las estación de metro, llevo esperando una hora y Mariano aún no ha llegado". No me llamó para que fuese a recogerla; había llamado para informar, simplemente. Decidí ir a hacerle compañía; no quería que lo esperase allí sola.
   Cuando llegué al metro, se me partió el corazón, y fue como si mi vida ya no tuviese sentido. Había un coche de policía y una ambulancia aparcadas en la boca del metro, y me empecé a asustar. Bajé las escaleras deseando que estuviese allí, pero no. Había mucha gente agrupada y me acerqué a ver lo que formaba tanto barullo, y vi a mi hija sobre una camilla. Estaba cubierta de sangre y no se movía.
   Entonces apareció él, se acercó a mí y juntos vimos cómo cerraban la bolsa de plástico en la que habían metido a mi hija.
   Dieron por supuesto que fue un suicidio, pero yo sabía que ella no sería capaz de abandonar este mundo de esa manera. Entonces, mientras estaba sumido en la tristeza, sonó el móvil. Un testigo había visto a un chico empujar a mi hija las vías justo cuando el tren había aparecido. Ese chico fue reconocido como Mariano, aunque no lo pudieron encarcelar por falta de pruebas.
   Él me quitó lo único que me quedaba en este mundo, lo único por lo que merecía la pena seguir viviendo, así que tuve que tomarme la justicia por mi mano.
   Quedé con él en el metro y cuando apareció me preguntó la razón de ese encuentro. Justo en ese momento apareció el tren de las cinco y yo empujé al asesino de mi hija hacia la muerte.
   No tardaron mucho en encontrarme, pues había testigos y pruebas que apuntaban hacia mí, y así es.


   Han pasado veinte años. Mi condena ya se ha cumplido, y me dirijo hacia la boca del metro. Bajo las escaleras y me la imagino esperándolo. Me siento en un  banco y espero al tren de las siete. Veo que se acerca y me levanto, con bastante esfuerzo, pues mis rodillas están doloridas, supongo que por la edad. Me acerco al andén; el tren está ya muy cerca, se escucha la velocidad con la que se acerca a la parada. Miro al banco de atrás, sonrío y salto."



CATEGORÍA A (1º, 2º y 3º ESO): Segundo premio. "La oportunidad de mi vida". María Segura (3º ESO: IES Infante don Juan Manuel. Murcia)

"Los vagones se sucedían sin pausa y, como de costumbre, permanecí inmóvil contemplando su paso.   Sabía que debía coger el tren, pero simplemente, aún no me sentía preparada.
   El tren pasó.
   Esperé de pie en el andén hasta que vi las luces del siguiente, que como el anterior, tampoco parecía tener intención de detenerse para que pudiera subir. A pesar de que era consciente de que se acababa mi tiempo, decidí esperar al próximo.
   Llegó otro tren, y éste redujo un poco su velocidad  al pasar junto a mí, pero sin llegar a parar. Me sentí tentada a saltar y agarrarme a uno de los asideros externos para subir en marcha, pero una vez más me acobardé y preferí permanecer en la estación, esperando uno que se detuviese para que yo pudiera subir.
  El tiempo pasó y, demasiado tarde, comprendí que ese tren nunca llegaría."

CATEGORÍA B (4º y BACHILLERATO): Primer premio. "Un acompañante extraño". Amalia Fernández (1º Bach.)

"  Laura Piera había visto cosas extrañas en su vida (su abuela escuchando hip hop, un anciano pelirrojo, un nueve en su examen de matemáticas y al actor Sean Penn en una película en la que no moría) pero aquel día, en el tren,se llevó la palma.

   Todo había empezado aquella lluviosa mañana. Había llegado empapada y había cogido el tren por los pelos. Se había sentado inocentemente y había pensado que ahí acababa todo.

- Perdona, ¿está libre este asiento?
   Laura levantó la vista. Al principio no notó nada raro en aquel individuo, era un joven que parecía bastante normal... hasta que se fijó en sus ojos: eran de un color dorado-verdoso, con pupilas como las de un gato. Se  quedó mirándolo con los ojos como naranjas.
- ¿Es que tengo algo en la cara?- preguntó burlón.

Laura se dio cuenta de cómo lo estaba mirando e intentó recomponerse.
- Humm..No, no, perdón. Está libre.
- No es nada- el tipo con los ojos de gato se sentó- entiendo que puede resultar extraño.
- Son unas lentillas... interesantes..
- Nada de lentillas- sonrió divertido- son mi ojos naturales. Pero tu colgante sí que es peculiar- lo cogió; era como un ojo- tiene que serlo si has podido ver mis ojos.
- ¿Perdón?- ya está. El tío estaba como una cabra.
- Ya te he dicho que no hay necesidad, Laura.
-¿Cómo sabes mi nombre?- preguntó, pasmada.
- Porque leo el pensamiento- soltó una carcajada al ver su expresión- lo pone en tu maleta.
Lo fulminó con la mirada. Le estaba vacilando el típico raro del tren.
- Lo que hay que ver- resopló para sí.
- ¿Ese comentario iba con segundas?- preguntó "Catman" arqueando las cejas.
- Esto es una cámara oculta o algo así?- preguntó Laura, cansada.
- Si hiciese un programa de esos haría una broma mucho mejor, créeme.
- Mira, eres más raro que un perro verde, y ya me estoy cansando.
- ¡Qué curioso! Estaba pensando lo mismo de ti. no es habitual que los humanos normales me vean como soy, pero actúas como si nunca hubieses visto un brujo.
Laura soltó una carcajada.
- Ya. Y ahora me irás a llevar al colegio de Harry Potter, ¡no te fastidia...!
- No exactamente- sonrió divertido-Pero sí que me gustaría saber qué eres.
- Una especie en extinción.
El tío la miró sorprendido.
-¿De verdad?
Laura asintió.
- Estudiante de Humanidades.
Él rió. Entonces el tren empezó a acercarse a la parada.
- Está bien, estudiante de Humanidades, yo me bajo aquí- buscó algo en su bolsillo y se lo tendió- si quieres averiguar lo que eres, avísame.
- ¡Esto es un vale de descuento en una lavandería!
- Ups. Perdón... esto es. Bastará con prenderle fuego y decir mi nombre.
- ¿En... serio?
Él dibujó una media sonrisa gatuna.
- Sólo bromeaba. Soy un brujo, pero tengo teléfono.

  Y dicho esto, se alejó. Laura le siguió con la mirada por el andén. Al cabo de un rato, el chico se giró, le guiñó un ojo... y desapareció."

CATEGORÍA B (4º y BACHILLERATO): Segundo premio. "Guerra de vagones". Elizabeth García (4º B)

" Sonia era una chica sonriente, o al menos lo había sido durante su niñez. Cada mañana cogía el metro para ir a la Universidad, y cada mañana se sentaba en la parte trasera, al lado de la ventana.
Aquel día parecía ser uno más, pero algo iba a pasar que cambiaría su vida para siempre. 

    Cuando la chica llegó a su asiento, éste ya estaba ocupado. Un joven de cabello oscuro y ojos azules le sonreía desde allí. A pesar de la rabia que sintió en ese momento, decidió optar por el diálogo. El chico pareció entrar en razón y dijo que  no volvería a quitarle el sitio.
   Al día siguiente, Sonia volvió a su vagón. La sorpresa de encontrarlo allí de nuevo, la frustró..           Volvieron a discutir y así cada día hasta que Sonia decidió ganarle la batalla. Se despertó temprano para coger el metro una hora antes y lo consiguió.  sin embargo, al hacerlo había declarado la guerra. Durante un tiempo se enorgulleció de sus victorias y se entristeció con sus derrotas. Los viajes a clase se hacían interesantes con su compañía. Poco a poco pasaron de ser dos desconocidos que se pelean por un asiento, a ser dos personas que se quieren, pero callan. Tal vez por miedo.   Quizás sólo deberían haberlo dicho antes y nada malo hubiera ocurrido.

   Pasaron tres meses. Sonia iba por las estación pensando en qué le diría. El día anterior había descubierto su nombre (Nathan) y su risa. Era el sonido  más maravilloso que había escuchado nunca, mas ya daba igual. Nath (como lo llamaba ella) dijo que se marcharía al norte y no volvería jamás.
   Sonia levantó la cabeza y, a través de sus ojos llorosos, lo vio. Corrió hacia él, pero resbaló y cayó a la vía. El joven saltó sin pensarlo dos veces.
-¿No te habías ido?- preguntó ella sin aliento.
- No podía irme sin verte una última vez.
   Su acelerado corazón intentó escapar cuando él la cogió de la mano. desde el final del túnel unos faros los iluminaban. No podrían salir de allí a tiempo.
   Se miraron a los ojos y comprendieron  lo que habían estado callando todo este tiempo.
- Te quiero- susurró él.
- Te quiero- contestó ella.

  Y después, oscuridad."